Sangre de la Tierra y Honor de la Vega. Soy la arcilla parda que nutre tus viñedos centenarios, el abrazo del Duero que refresca mis campos de labor y el viento que recorre mis llanuras bajo el cielo de Castilla. Durante siglos, he sido el sustento de reyes y el orgullo de un pueblo, entregándolo todo mientras mi tierra sufría la erosión, mis acuíferos se agotaban y mi aire se volvía más arduo bajo ciclos de calor que nunca antes había visto.
Hoy te hablo desde la profundidad de mis raíces, porque mi capacidad de dar vida tiene un límite, y aunque parezco una tierra de abundancia eterna, soy un equilibrio frágil que siente la herida del cambio. Siento cómo mis cepas sufren la sed y cómo mis suelos pierden la fuerza que nos dio nombre en el mundo.
No me mires solo como una etiqueta o un mapa de bodegas; mírame como la madre que te amamanta, el paisaje que forjó tu historia y que hoy reclama tu honor para no convertirse en desierto.